domingo, 24 de diciembre de 2017

El negro es mi color.

Si consideramos el color como luz, el negro es entonces la ausencia misma de la luz y por lo tanto no es un color. Pero si consideramos los colores como pigmentos, entonces debemos tratar al negro como un color más.

Quizás porque la oscuridad de la noche nos deja indefensos, a causa de nuestra naturaleza diurna, el color negro nos genera una cierta inquietud, como si diese un poco de miedo. En determinadas culturas el color negro ha adquirido un significado positivo: los beduinos del desierto usan el negro para vestir porque protege del sol más que cualquier otro color, y en las culturas árabes está bien considerado; el blanco, y no el negro, ha sido y sigue siendo el color del luto en muchas partes del mundo; para los cátaros se trataba del color más positivo, etc.

Pero por lo general en la cultura occidental no da buen rollo y cuando algo es “negro” suele contener algo negativo: el gato negro da mala suerte, un día negro no puede ser peor, es mejor no estar en la lista negra de nadie, la viuda negra es una araña muy peligrosa, la peste negra ha sido la plaga más devastadora en la historia de la humanidad, asistimos a los funerales para despedirnos de los que ya no volverán vestidos de negro, a la gente de color se les ha llamado negros pese a no serlos, básicamente por desprecio, etc.

El blanco es el complementario absoluto del negro, y uno al lado del otro muestran el máximo contraste: del mismo modo que las letras negras de un texto tienen de fondo un papel o una pantalla blanca, en el cielo la blanca luz de las estrellas destaca sobre la oscuridad general del universo.




Man in Black.

Well, you wonder why I always dress in black, (Bueno, pues te preguntarás por qué siempre visto de negro)
Why you never see bright colors on my back, (Por qué nunca ves colores brillantes en mi espalda)
And why does my appearance seem to have a somber tone. (Y por qué mi apariencia parece tener un tono sombrío)
Well, there's a reason for the things that I have on. (Pues bien, hay una razón para las cosas que llevo puestas.)

I wear the black for the poor and the beaten down, (Visto de negro por el pobre y el derrotado)
Livin' in the hopeless, hungry side of town, (Viviendo en la parte sin esperanza y hambrienta de la ciudad)
I wear it for the prisoner who has long paid for his crime, (Visto de negro por el prisionero que hace tiempo pagó por su crimen)
But is there because he's a victim of the times. (Pero que sigue ahí porque es una víctima de los tiempos)

I wear the black for those who never read, (Visto de negro por aquellos que nunca leyeron)
Or listened to the words that Jesus said, (O escucharon las palabras de Jesús)
About the road to happiness through love and charity, (Acerca del camino hacia la felicidad a través del amor y la caridad)
Why, you'd think He's talking straight to you and me. (Pues vaya, piensa que nos habla directamente a ti y a mí.)

Well, we're doin' mighty fine, I do suppose, (Bueno, supongo que nos va la mar de bien)
In our streak of lightnin' cars and fancy clothes, (En nuestra racha de coches veloces y ropa de fantasía)
But just so we're reminded of the ones who are held back, (Pero sólo para que recordemos a los que han quedado detrás)
Up front there ought 'a be a Man In Black. (Delante debería estar un hombre de negro)

I wear it for the sick and lonely old, (Lo visto por el enfermo y solitario anciano)
For the reckless ones whose bad trip left them cold, (Por los que sin darse cuenta en un viaje equivocado se quedaron en el frío)
I wear the black in mournin' for the lives that could have been, (Visto de negro como lamento de las vidas que pudieron haber sido)
Each week we lose a hundred fine young men. (Cada semana perdemos cien muchachos estupendos)

And, I wear it for the thousands who have died, (Y lo visto por los miles que murieron)
Believen' that the Lord was on their side, (Creyendo que el Señor estaba de su parte)
I wear it for another hundred thousand who have died, (Lo visto por otros cientos de miles que murieron)
Believen' that we all were on their side. (Creyendo que todos estábamos de su parte.)


Well, there's things that never will be right I know, (Bueno, ya sé que hay cosas que nunca estarán bien)
And things need changin' everywhere you go, (Y las cosas necesitan un cambio allá por donde vayas)
But 'til we start to make a move to make a few things right, (Pero hasta que empecemos a movernos para hacer unas cuantas cosas buenas)
You'll never see me wear a suit of white. (No me verás llevando un traje blanco.)

Ah, I'd love to wear a rainbow every day, (Ah, me encantaría vestir un arco iris cada día)
And tell the world that everything's OK, (Y decirle al mundo que todo está bien)
But I'll try to carry off a little darkness on my back, (Pero intentaré cargar con un poco de oscuridad en mi espalda)
'Till things are brighter, I'm the Man In Black (Hasta que las cosas no se iluminen, soy el hombre de negro.)

sábado, 2 de diciembre de 2017

¿Dónde está mi mente?

Yo ahora mismo no estoy aquí escribiendo todo esto mientras tú lo lees. Lo mismo que tú tampoco estabas ahí mientras yo lo escribía. Y cuando lo leas, suponiendo que alguien lo lea, no sé adónde voy a estar. Quizás ni siquiera esté. Tú tampoco sabes en qué lugar andarás, ni si estarás en alguna parte o qué.




Ooh, stop (Uuuuuuh… ¡Detente!)
With your feet in the air and your head on the ground (Con tus pies en el aire y tu cabeza en el suelo)
Try this trick and spin it, yeah (Intenta este truco y dale vueltas, sí)
Your head will collapse (Tu cabeza colapsará)
But there's nothing in it (Pero no hay nada en ella)
And you'll ask yourself (Y entonces te preguntarás)

Where is my mind? (¿Dónde está mi mente?)
Where is my mind? (¿Dónde está mi mente?)
Where is my mind? (¿Dónde está mi mente?)
Where is my mind? (¿Dónde está mi mente?)
Way out in the water (Alejado en el agua)
See it swimmin' (Mírala cómo nada)

I was swimmin' in the Caribbean (Estaba nadando en el Mar Caribe)
Animals were hiding behind the rock (Animales se ocultaban tras una roca)
Except the little fish (Excepto el pequeño pez)
But they told me, he swears (Pero me dijeron, lo jura)
Tryin' to talk to me koi koy (Tratando de hablarme, koi koi)

Where is my mind? (¿Dónde está mi mente?)
Where is my mind? (¿Dónde está mi mente?)
Where is my mind? (¿Dónde está mi mente?)
Where is my mind? (¿Dónde está mi mente?)
Way out in the water (Alejada en el agua)
See it swimmin' (Mírala cómo nada)

With your feet in the air and your head on the ground (Con tus pies en el aire y tu cabeza en el suelo)
Try this trick and spin it, yeah (Intenta este truco y dale vueltas, sí)
Your head will collapse (Tu cabeza colapsará)
But there's nothing in it (Pero no hay nada en ella)
And you'll ask yourself (Y entonces te preguntarás)

Where is my mind? (¿Dónde está mi mente?)
Where is my mind? (¿Dónde está mi mente?)
Where is my mind? (¿Dónde está mi mente?)
Where is my mind? (¿Dónde está mi mente?)
Way out in the water (Alejada en el agua)
See it swimmin' (Mírala cómo nada)

Ooh (Uuuuuhh…)
With your feet in the air and your head on the ground (Con tus pies en el aire y tu cabeza en el suelo)
Ooh (Uuuuuhh…)
Try this trick and spin it, yeah (Intenta este truco y dale vueltas, sí)
Ooh (Uuuuuhh…)
Ooh (Uuuuuhh…)

domingo, 19 de noviembre de 2017

El corazón de Chopin.

Cuando las personas conviven a lo largo del tiempo, compartiendo las mismas palabras para referirse a vivencias y experiencias comunes, en un determinado territorio, se da eso que llamamos un pueblo, una cultura o incluso una nación. Polonia en tiempos de Chopin estaba bajo el dominio y la ley del imperio ruso; y ese sometimiento a la fuerza no anulaba su sensación de ser polacos, sino que la aumentaba. La música de Chopin está ligada indisolublemente a su tierra natal, e incluso hoy en día se le considera en Polonia como una gran figura nacional. Pero también conecta al mismo tiempo con todas las culturas del mundo y su popularidad es universal.

La salud de Chopin empeoró gravemente a principios de 1849. En verano llegó a un punto crítico y la muerte lo acechaba: los conocidos que lo visitaban en su apartamento de la plaza Vendôme de París, salían con la sensación de que aquella iba a ser la última vez que lo verían con vida. Su hermana Ludowika partió de Varsovia con su familia en junio para ir junto a Fryderyk.

Antoni Jędrzejewicz, sobrino de Chopin, contó que cuando su madre Ludowika llegó lo encontró muy mal. Chopin sentía fobia a ser enterrado vivo, y a veces conversaba con su hermana de lo que sucedería a su cuerpo en la tumba. Le dijo que le gustaría descansar en el cementerio de Powązki, cerca de Varsovia, junto a su hermana Emilia y cerca de su padre. Pero, sabiendo que no iba a ser posible transportarlo hasta allí, le pidió que al menos llevase su corazón. Mientras que su cuerpo descansaría en el parisino cementerio de Père Lachaisse, cerca de su admirado Bellini.

Después de transmitir sus últimos deseos, el 17 de octubre a las dos de la madrugada moría en su cama consecuencia, según el dictamen médico, de la tuberculosis que padecía. Tenía 39 años. Para su funeral pidió el Réquiem de Mozart, y mientras lo enterraban interpretaron su célebre marcha fúnebre. Su compatriota Cyprian Kamil Norwid, también emigrado en París, le dedicó las siguientes palabras: “De Varsovia por nacimiento, polaco de corazón y ciudadano del mundo por su talento”.

Un par de meses después, Ludowika emprendía el viaje de vuelta a Varsovia con su familia y un secreto oculto debajo de su vestido, mientras cruzaba nerviosa la frontera austríaca y luego la rusa: en un frasco de cristal llevaba embalsamado en alcohol, probablemente cognac, el corazón de su hermano, para que pudiese descansar en su tierra natal. En Varsovia, lo llevó a la Iglesia de la Santa Cruz, cerca del último apartamento que había ocupado Fryderyk en aquella ciudad. Los curas expresaron su recelo respecto de aceptar el corazón de Chopin, al fin y al cabo el compositor no había sido nunca un ejemplo para la Iglesia. Sin embargo al final lo aceptaron y en marzo de 1879 le encontraron un lugar. Una pequeña comitiva acompañaba al corazón en silencio y con discreción aquella tarde: el zar Nicolás I había prohibido la música de Chopin porque causaba incómodos sentimientos patrióticos entre los polacos, así que existía el riesgo de que las autoridades zaristas requisaran la urna con el corazón si daban con él. Schumann dijo que en la música de Chopin había cañones ocultos entre las flores.

Un año después su hermana financió con diversas ayudas la escultura en mármol de Carrara que iba a acompañar al corazón, con la siguiente cita del evangelio de Mateo: “Allá donde esté tu tesoro, estará tu corazón”.

Como cualquier corazón, el de Chopin alternaba sus buenos y malos momentos, sus alegrías y sus tristezas con todos sus matices. Quizás incluso se aburriese en ocasiones. En 1863 los polacos se sublevaron junto a los lituanos contra la ocupación rusa: como represalia por el intento de asesinato del gobernador ruso de Polonia, soldados rusos defenestraron desde un segundo piso el piano de Chopin: el estruendo del piano chocando contra el suelo, con el sonido absurdo y disonante de las cuerdas al romperse, le debió dar un amargo disgusto. Por otra parte, se llevaría seguramente una alegría cuando se proclamó la independencia de Polonia en 1918.

Después del tratado de Versalles, Polonia se anexionó territorios alemanes, mientras que en sus fronteras orientales los ucranianos pretendían independizarse como república. Europa, después del final de la Gran Guerra, seguía siendo un problema de potencias en expansión sin solucionar. El 1 de septiembre de 1939 Alemania cruzaba la frontera polaca por el oeste e invadía rápidamente el país con sus panzerdivisionen: Inglaterra y luego Francia declararon como consecuencia la guerra a Alemania. Mientras tanto los rusos atacaban por el este para invadir territorio polaco, previo pacto con los alemanes. En octubre el gobierno polaco se rendía ante la ofensiva alemana, que ocuparía Varsovia hasta el final de la guerra.

Los alemanes cerraron enseguida el Instituto Chopin y secuestraron sus manuscritos. Hicieron volar el monumento dedicado a su memoria en el parque Łazienki y prohibieron la ejecución de su música. Sin embargo su corazón siguió latiendo en secreto: su música continuó interpretándose en peligrosos conciertos clandestinos en casas particulares.

Nadie en Varsovia pudo haberse imaginado al principio a qué extremos de barbarie llegarían los alemanes durante su ocupación: el gueto para los judíos entró en funcionamiento inmediatamente después de la invasión; montones de fusilamientos diarios e indiscriminados de población civil se convirtieron en una práctica habitual; destruyeron concienzudamente cualquier expresión de la cultura polaca; desplazaron en misteriosos trenes a la población que no consideraban germanizable; Treblinka estaba a 100 km de Varsovia y Auschwitz sólo a 300. Había en todo aquello una inhumanidad desproporcionada, todo lo que sucedía resultaba difícil de creer y de explicar. Incluso hoy en día.

El 19 de abril de 1943 se rebelaban los judíos del gueto: aguantaron un mes el ataque del ejército alemán hasta ser aplastados. El 1 de agosto de 1944 estallaba el levantamiento de Varsovia. Las calles y edificios de la ciudad se convirtieron en un sangriento campo de batalla. Durante el combate los alemanes tomaron la Iglesia de la Santa Cruz. El periodista Andrzej Pettyn ha documentado lo sucedido durante aquellos días, y entrevistó al Padre Alojzy Niedziela, que fue testigo de lo que entonces sucedió: los alemanes descubrieron la urna con el corazón y se ofrecieron, con su propio capellán, para llevarlo a un sitio seguro y protegerlo. Los párrocos polacos accedieron al cabo de un par de días.

El comandante de las SS Heinz Reinefarth contó por su parte, años después de que terminara la guerra, que sus hombres encontraron, tras un enfrentamiento con los milicianos polacos junto a la Iglesia, la urna con el corazón. Se la llevaron y la dejaron dentro de una caja de cuero en su cama. Contactó con el general de las SS Erich von dem Bach, que a su vez llamó al arzobispo de Varsovia para averiguar a quién correspondía la reliquia. Reinefarth, amante de la música, abrió la caja y descubrió que se trataba del corazón de Chopin.

Von dem Bach, consciente de que la guerra no iba bien, aprovechó la ocasión para intentar limpiar su imagen ante los polacos. Organizó una especie de evento propagandístico con una puesta en escena adornada de grandes banderas rojas y esvásticas negras, con focos y cámaras de cine que pudiesen captar el momento en el que los alemanes devolviesen, con toda solemnidad, el corazón de Chopin en una urna de madera a Su Excelencia el Padre Antoni Szlagowski, administrador de la archidiócesis de Varsovia, en presencia de diversas autoridades. Un oficial superior de von dem Bach se acercó al anciano Szlagowski, para entregarle la urna con el corazón acompañándose del siguiente discurso:

"En esta guerra, el Gran Reich siempre ha hecho todo lo que está en su poder para proteger de la destrucción, los más valiosos bienes de la cultura de la humanidad para las generaciones futuras. Un soldado alemán en el Este defiende la antigua cultura cristiana de la extinción y la barbarie ... Yo, por orden del Obergruppenführer y General von dem Bach, le hago entrega del ataúd con el corazón de Chopin, encontrado por nuestros soldados ".

Un inesperado accidente provocó que las luces se apagaran de repente, y así no pudieron filmar la entrega de la urna.

El arzobispo regresó con el corazón a Milanówka y, preocupado por que los alemanes cambiaran de opinión y quisieran recuperarlo de nuevo, lo trasladó en secreto a una casa particular durante un tiempo. Luego le hicieron una bonita caja de madera que lo contuviese en su frasco de cristal.

El ejército alemán comandado por Von Den Bach fue desbastador con el levantamiento de Varsovia: masacraron a los milicianos y a la población civil, con un balance de al menos 200 mil muertos, incluyendo la atroz matanza de Wola. Destruyó sistemáticamente con la artillería y los bombardeos de la Luftwaffe la ciudad siguiendo las instrucciones de Himmler: parecía que quisieran hacerla desaparecer de la faz de la tierra y de la memoria de las personas. Varsovia se había convertido en una especie de fantasmagórico y apocalíptico escenario vacío de vida.

Después de la rendición alemana, en Mayo de 1945 decidieron verificar el estado del corazón y desmontaron la urna de madera con todas sus protecciones. Comprobaron que se hallaba en perfecto estado de conservación, y se sorprendieron de su tamaño: se trataba de un corazón anormalmente grande, más si consideramos que Chopin medía apenas metro setenta y pesaba unos 40 kilos por entonces. En el 96 aniversario de su muerte, el 17 de octubre de ese mismo año, el corazón volvería a Varsovia, pasando por su pueblo natal Zelazowa Wola, en lo que se convertiría en un gran acontecimiento nacional. La gente salía a las ventanas adornadas con banderas rojas y blancas para ver pasar el coche que lo transportaría hasta la Iglesia de la Santa Cruz, mientras filas de personas flanqueaban las carreteras y las calles, con la cabeza inclinada y en silencio, con una emoción difícil de definir al ver que el corazón con su urna volvía por fin a su lugar en una Polonia que acaba de sufrir el peor episodio de su historia: casi siete millones de polacos, principalmente civiles, habían muerto durante la ocupación alemana. Un carro cargado con flores seguía al corazón, y de vez en cuando se le acercaba alguien para depositar también las suyas.

Cuando devolvieron por fin de vuelta en su lugar de la Iglesia de la Santa Cruz, en presencia de todas las autoridades, el profesor Henryk Sztompka interpretó mazurcas de Chopin, el nocturno en do sostenido menor, y la polonesa en La bemol mayor.

Una vez acabada la guerra comenzó un nuevo reparto del mundo, y la URSS se anexionó parte del territorio polaco, mientras que por el otro lado una franja de Alemania pasaba a ser polaca. El gobierno polaco en el exilio durante la ocupación alemana, no iba a poder volver y tendría que seguir en el exilio durante unas cuantas décadas más: la república de Polonia pasó a formar parte de un imperio soviético represivo en grado extremo, envuelto de una propaganda omnipresente que pretendía justificar su modelo de vida, así como anular cualquier sentimiento nacional polaco. Una vez más, el corazón de Chopin iba a tener que seguir latiendo con resignación en los tiempos adversos que iban a seguir.

La estatua del parque Łazienki en memoria de Chopin, que habían hecho volar los alemanes, fue reconstruida en 1958. Y cuando las personas no saben o no pueden cambiar las cosas, se encarga de hacerlo el tiempo a su manera. Los 60 y los 70 dieron lugar a los años 80: el sindicato Solidaridad, apoyado por la iglesia católica, la opinión general y el respaldo internacional, condujo al país hacia la democracia y su occidentalización mientras el imperio soviético comenzaba a desmoronarse. En el 2004 Polonia ingresaba en la Unión Europea, conservando su moneda.

En el 2008 un grupo de científicos propuso analizar el ADN del corazón de Chopin, y verificar la auténtica causa de su muerte: su teoría era que no había muerto directamente de la tuberculosis que padecía, sino de fibrosis quística y la pericarditis consecuente que explicaría el enorme tamaño de su corazón. El gobierno polaco decidió rechazar la petición y dejar descansar así al corazón, que había sufrido más de lo que ningún corazón puede aguantar durante sus 160 años de vicisitudes.

El nocturno en do menor tiene tres partes: la primera contiene frases inspiradas por algún tipo de desánimo, que terminan cayendo hacia abajo en sus últimas notas como llevándolas hacia la nada. Entonces viene un momento reflexivo, seguido de una reacción emocional de afirmación que se llena de una violenta vitalidad y fuerza; sobre la que construye una tercera parte esperanzadora y dolorosa a la vez, con un ritmo que late y una melodía que ata los cabos sueltos del principio, cerrando con un pensamiento de notas ascendentes y su final. Da la sensación al escuchar un acorde menor que nos falta algo, simplemente porque entre la primera nota de la escala y la tercera hay un semitono menos que en una escala mayor. Hay en el fondo de todo esto un sentimiento de pérdida. Interpreta Artur Rubinstein.

Las imágenes proceden del archivo fotográfico del Museo del Levantamiento de Varsovia.

lunes, 6 de noviembre de 2017

Retrato de Vivaldi: un cuento. 3er movimiento: el jilguero y la aurora.

Vivaldi se puso cómodo en su bata, con sus zapatillas y sin la peluca, y se preparó un chocolate caliente.  A solas y a sus anchas en la casa, se sentó junto a la ventana abierta que dejaba entrar la agradable y fresca brisa del principio del otoño, y se tomo el chocolate mirando hacia el exterior. Detrás de él, en la mesita junto al sillón, las cartas pendientes de corresponder: un litigio interminable respecto de una reclamación económica de una ópera, cartas de Roma y de Mantua, contrato en Florencia para Enero, cartas de París y Amsterdam, próximo viaje a Praga y Viena…

Qué tipo espectacular, mi viejo. Solidario y generoso para con los suyos, y con un talento extraordinario para el violín: yo soy su continuación. Aunque yo sea ahora el centro de gravedad de esta familia, todo lo que he conseguido procede de él, lo sembró él y lo cuidó amorosamente para que creciese. Sólo la bondad da frutos. Si él hubiese sido un tipo egoísta, todo hubiera terminado en sí mismo y a la postre, en nada. ¿Seré yo así de egoísta? Él fue el primer músico de la familia, y todo parece indicar que yo seré el último: no tengo y no creo que vaya a tener descendencia, y por lo tanto me veré privado de lo que es sentir el amor por un hijo o una hija.

El jilguero empezaba a brincar en su jaula, y Vivaldi se acercó y metió un dedo entre los barrotes.

- Espera, te traigo un trozo de manzana.

Buscó la más hermosa en la cocina, y volvió para encajar un trozo entre los barrotes. El pajarito esperó a que Vivaldi se alejara para acercarse a la manzana y empezar a picotearla, mientras él mordisqueaba el resto.

La música mana de ti naturalmente y cantas porque tienes que cantar, la cosa es así de simple, y con el canto os conectáis todos vosotros. Tal vez las personas hagan lo mismo. ¿Qué son las palabras? Ruidos articulados, que emitimos y escuchamos asociados a acciones concretas. Una música de fondo mueve la gente por las calles y puentes de esta ciudad, y las góndolas y las embarcaciones por los canales, con su propio ritmo y sus sonidos, con sus melodías y la profundidad de sus armonías.

Se quedó pensando un momento y fue a por su breviario. Buscó el Padre nuestro y lo leyó. Qué perfecta oración: no se puede sintetizar mejor, y establece una conexión directa y personal con nuestro creador. Se trata de un recitativo, habría que acentuar solamente su musicalidad, lo haríamos para coro, y de fondo una armonía con un sonido delicado, divino, como si lo dictara el mismo espíritu santo. Se sentó al teclado dándole vueltas a la idea. Luego tomó el violín y fue improvisando. Bueno, ya veremos.

Se levantó y se fue a mirar el cuadro. Supongo que en el fondo quiero que me vean, que reparen en mí. Que me quieran tal como soy. Anna tiene razón, este muchacho se fija en todo.

El jilguero se puso a cantar, alegre y silvestre, alargando el cuello y forzando su gargantita para hacer sonar el aire que salía prodigiosamente de sus mínimos pulmones. Vivaldi dejó de mirar el cuadro y se puso a escucharlo con los ojos cerrados, tratando de comprender su canto. Abrió los ojos y miró el pajarito. Estaba a punto de amanecer. Tu canto es puro y lleno de vitalidad. Mi pequeña cabecita roja, será mejor que me acueste un rato.

Cerró las persianas y se acomodó en la cama. Pensó de nuevo en el padre nuestro y lo recitó para su interior. Ha sido una noche de lo más extraña… Cerró lo ojos y esperó el sueño. Me llamó Antonio... Al cabo de un rato los abrió y se fijó en la luz que dejaban colar las persianas. El sol había salido ya. Me voy a levantar, hoy tenemos muchas cosas que hacer.

Retrato de Vivaldi: un cuento. 2º movimiento: un paseo nocturno.

Anna iba sentada en la góndola mientras Vivaldi, de pie, echaba un vistazo a su reloj y miraba después hacia delante pensando en sus cosas. Llegaron al otro lado y callejearon un rato, ella del brazo de él durante un momento, hasta llegar a la casa.

- La luz de arriba está encendida. Es la habitación de Paolina. Mañana vendremos las dos por la mañana, ¿os parece bien?

- Mañana por la tarde llegarán mi padre y mis hermanas de Brescia, y la casa será un jaleo. Por la mañana está bien.

Anna estaba nerviosa con el estreno de noviembre. Le tomó las manos para despedirse y finalmente se giró para dirigirse a la casa. La vio entrar, cerrar la puerta y esperó un momento para que pudiese llegar a su habitación. Su hermanastra Paolina descorrió las cortinas para mirar y él saludó con la mano. Anna apareció junto a Paolina y las dos correspondieron el saludo. Luego decidió ir caminando dando un largo rodeo tranquilamente hasta su casa.

De vez en cuando aprovechaba para dar un paseo solo de noche. A sus cuarenta y tantos años la conciencia de envejecer le empezaba a visitar con más frecuencia de la que hubiese deseado. Una muchacha de 17 años como Anna podríamos decir que despertaba su imaginación; aunque sabía que el tiempo y las circunstancias sólo podrían distanciarlo de ella: el tiempo, que nos aproxima querámoslo o no hacia el cementerio, lúgubre antesala de la inmortalidad. Lo que vemos de la luna es el reflejo de un día oculto en otra parte: subió a un puente sobre el gran canal y miró los reflejos de la ciudad en el agua. Luego se fijó en la oscuridad del cielo y sus estrellas. La noche nos da un respiro a los trabajos del día. Quizás todos estemos soñando de alguna manera en este momento…

Siguió caminando hasta llegar a un pequeño puente: un poco más allá una mujer enmascarada parecía estar buscando con la mirada algo o a alguien, y entonces dio con él. Tenía que pasar por donde ella estaba, y mientas lo hacía la mujer le dijo:

- No os conviene estar aquí ahora mismo, venid conmigo.

Se escondieron dando un par de pasos atrás en un rincón oscuro. Un grupo de hombres y mujeres enmascarados venía armando bullicio con botellas en la mano y alegría en sus venas por una callejuela, sin alcanzar a ver a otro grupo armado de la policía que se dirigía hacia ellos por una calle adyacente.

- Ya llegan esos brutos de la policía. Poneos esta máscara y seguidme.

La mujer tomó de la mano a Vivaldi, que se dejó llevar a paso rápido zigzagueando por unas callejuelas hasta meterse en una casa en la que había una fiesta de carnaval.

- Señora, dadme un respiro. ¿Me podéis explicar qué sucede?

- Ibais directamente a que os detuviesen con ese grupo. Mezclémonos con la gente de la fiesta y dentro de un rato nos vamos afuera otra vez. ¿De qué os conozco?

- Vamos los dos enmascarados, ¿cómo puedo saberlo?

Se quitaron las máscaras y se miraron hasta que ella se dio cuenta.

- Sois el prete rosso. Os he visto tocar el violín en varios conciertos, y también dirigiendo en el San Angelo. Estoy casada con el signor M, vos lo conocéis.

M era lo que se podría llamar un tipo importante en la sociedad veneciana. Se volvieron a poner las máscaras y ella se paseó del brazo de Vivaldi entre los diversos corros de gente, con sus variadas y animadas conversaciones, mientras una pequeña orquesta hacía sonar música de baile. Fueron cruzando la sala hasta que un tipo se quedó mirando a la acompañante de Vivaldi:

- Sois vos ¿Qué hacéis aquí? Pensé que iríais al casino con C.

- Cambié de opinión.

Y se agarró más fuerte del brazo de Vivaldi.

- Ya veo.

Pasaron de largo un par de salas dirigiéndose hacia la salida de atrás, y sigilosamente cruzaron la puerta y se perdieron por entre las callejuelas.

- Vayamos hacia el canal. Me quedé sin pareja esta noche y os encontré a vos. Acompañadme hasta cerca del palacio, os lo ruego.

- Vayamos por ahí. ¿Qué hacíais en el puente entonces?

- Han detenido a un amigo por espionaje. Realmente no sé de qué va el asunto, no tengo ni idea. Se supone que tenía que estar con aquel grupo que hemos visto antes para ir después a la casa de juego. Recibí una nota anónima para que no fuese, pero estaba cerca y fui a ver. No parecéis un cura.

- Pues lo soy. Es mejor evitar cualquier relación con el tribunal que ha enviado a esa policía. ¿tenéis la nota?

- La rompí.

- Deberíais haberla guardado. Ahora da igual. ¿Vuestro marido está al corriente?

- No lo sé.

- ¿Es posible que él esté detrás de todo esto?

Ella se encogió de hombros.

- Supongo que sí.

- Pues tenéis que hablar con él.

- La verdad es que no me apetece; pero tenéis razón, no podemos darnos la espalda todo el rato. Os agradezco el consejo.

- Quizás en su caso yo hubiese hecho lo mismo.

Vivaldi le sonrió, y ella le correspondió con una elegante y graciosa reverencia.

- Sois un tipo extraño. Y muy persuasivo. Me gustaría poder hacer algo por vos.

- Si tuvieseis previsto algún concierto privado en este mes de octubre, por favor tenedme en cuenta. Os anoto mi dirección. Vos o vuestro marido pueden enviarme una carta y yo les contestaré al momento. Apenas salgo de casa, tengo un problema respiratorio que me lo impide.

- Tampoco parece que tengáis un problema respiratorio.

- Lo tengo. Vayamos, os acompaño.

Cerca ya de su palacio se despidieron. La vio acercase a la puerta y continuó con su paseo nocturno.

Al doblar una esquina vio a un aristócrata que conocía del consejo de administración del Ospedalle, junto a dos individuos de aspecto sospechoso. Los tres se giraron y lo miraron. ¿Qué estarán esperando aquí a las tantas de la noche? No me habrá reconocido con la capa y la máscara. Entonces se giró para evitarlos y volverse por dónde había venido.

- ¡Esperad!

Se detuvo y sintió miedo, y entonces se giró.

- ¿Vivís por aquí? Estamos buscando a…

El aristócrata se acercó un poco más y se fijó en el hoyuelo de la barbilla del enmascarado.

- ¿Os conozco?

Vivaldi se quitó la máscara.

- No podía dormir y salí a dar un paseo.

- ¿Qué hacéis con máscara? ¿No me digáis que vais a jugar?

- Nunca juego. Sólo paseaba tranquilamente. Me va bien para la salud.

- Vivaldi, no deberíais estar aquí. Marchaos por donde habéis venido. Recordad que no nos hemos visto.

Vivaldi asintió, se colocó de nuevo la máscara, y antes de irse no pudo evitar preguntar:

- Disculpadme, pero ya que estamos aquí, ¿habéis decidido ya acerca de la compra de los conciertos para este año?

- Vivaldi, creedme, no es el momento. Pasado mañana venid a la Pietà y arreglamos de una vez el asunto con los otros administradores y el maestro de coro.

Se colocó de nuevo la máscara, saludó con el sombrero, y sin más preámbulo se fue a paso rápido por dónde vio que podría salir lo más rápidamente de aquella inesperada coincidencia.

Caminando a paso lento y solitario junto al gran canal fue hasta el Teatro San Angelo. No es lo mismo escribir música, tocarla y dirigirla, que hacer de empresario organizando semejante maquinaria de contratos, decorados, cantantes, músicos, finanzas y todo lo demás. Parece un circo.

Un individuo enmascarado venía por el otro lado  maldiciendo. Vivaldi se apartó para pasar desapercibido, pero el hombre reparó en él y se lo quedó mirando a media distancia.

- ¡Esperad!

Reanudó el paso decidido hacia él. Llegó, se quitó el sombrero y la máscara. Se trataba de un joven bien educado y de buen aspecto.

- Disculpadme, ¿podríais prestarme dinero? Mañana por la mañana os lo devuelvo sin falta.

Al joven le incomodó la mirada de Vivaldi mientras sostenía la bolsa en su mano ofreciéndole el dinero:

- Contadlo vos mismo.

- Guardadlo, no lo quiero. Será mejor que no juegue más esta noche. Acabo de perder a las cartas una suma considerable. No sé cómo lo han hecho, pero estoy seguro de que aquel tipo estaba compinchado con el de la banca. Y luego la muchacha me distraía todo el rato con sus sonrisas, sus miradas y su escote… Ahora mismo se deben estar riendo de mí mientras se reparten el dinero. Me da rabia...

- Mirad el lado positivo.

- Qué lado positivo.

- No lo consideréis como si os hubiesen quitado algo, sino más bien como una oportunidad para valorar mejor una serie de cosas. Si la verdad es desengaño, aceptadla como tal porque os está abriendo una puerta.

 - Sois un optimista... Ya me acuerdo de vos, os he visto en un concierto en la embajada francesa. Y también con la orquesta en San Marco. Sois el cura pelirrojo.

- Esta noche mi fama me precede. ¿La embajada francesa?

- Trabajo ahí.

- No tenéis acento francés. Cuál es vuestro trabajo.

- Mi madre es genovesa. Ayudo en la oficina comercial.

- Vaya. Acabo de vender recientemente unos conciertos al rey de Francia. Veréis, tengo un problema, por motivos de salud apenas puedo salir de casa, y me veo muy limitado para poder viajar por Europa y publicar y vender mis conciertos en diversas capitales. ¿No habría alguna manera de distribuirlos en Francia a través de vuestra oficina comercial de la embajada?

- ¿El rey de Francia?

- Luis XV. Sí, una cantata y varios conciertos.

- Tendría que averiguar.

- Por supuesto. Ahora será mejor que me vuelva a casa, me siento terriblemente cansado. Averiguad y venid a verme al San Angelo, el teatro que tenemos detrás, y preguntad por el prete rosso.

- ¿Queréis que os ayude a ir a algún sitio o...?

- No, tomaré una góndola ahí.

Se despidieron con mucha educación y entonces Vivaldi dio por terminada la noche. Se dirigió hacia el Rialto, que quedaba ahí al lado, y se sentó en unos escalones. Se puso cómodo, sacó su cuaderno y anotó una serie de comentarios junto a varias melodías con su acompañamiento. Iba a efectuar un par de modificaciones en las arias de Anna, habría que revisar el libreto en esas partes. Bostezó, guardó el cuaderno, se abrigó bien y se reclinó contra el muro. Con los ojos cerrados oyó a un gondolero cantar en voz baja unos versos de una de sus óperas. Toda la ciudad tararea una canción. Se encontraba en un estrambótico palacio increíblemente grande y deslumbrante repleto de gente por todas partes, vestida exageradamente con pelucas, máscaras y toda clase de sombreros, y una orquesta de muchachas virginales tocando un concierto ante una fila de enmascarados que las miraban fíjamente, mientras varios monos, loros y un rinoceronte pasaban por ahí entre la gente. Unos tipos con turbante y con aire de ser importantes hablaban con el Dux y el consejo, ajenos a todo. De ahí pasó a habitaciones más humildes y extrañas invadidas de penumbra. Una enmascarada le sonríe y se aleja con paso ágil, girando la cabeza para comprobar que la está siguiendo. No puede evitar avanzar entre esa gente extraña buscando a la mujer, yendo de habitación en habitación hasta llegar a una casi a oscuras, y con voces de fondo diciendo cosas en voz baja que no podía entender. Se detiene y escucha en su oído la voz de la enmascarada, no sabe lo que dice pero siente al cálido aliento en su oreja. Cierra los ojos y se deja llevar por ella, que lo acoge entre sus brazos amorosamente: Antonio…

Y entonces se despertó. Miró el reloj, dentro de poco empezaría a clarear. Era costumbre que quienes habían pasado la noche de fiesta, la terminaran de mañana temprano paseando junto al puente Rialto, acompañados o solos, mezclándose con hombres y mujeres que vendrían un poco después en su primer paseo matutino, mientras iban llegando las barcas cargadas de frutas, verduras y flores procedentes de las numerosas islas que rodean la ciudad. Pasó un rato mirando ese momento que unía la noche con el día, hasta que se levantó y buscó un gondolero.

Retrato de Vivaldi: un cuento. 1er movimiento: el retrato.

- Vivaldi, podéis hablar si queréis.

- De acuerdo. De qué hablamos.

- Habladme de música.

- No se me ocurre gran cosa que decir. En cierto sentido cubre una necesidad. Lo más importante es la melodía. Pienso en ellas constantemente, pero no sabría explicar cómo ni de dónde surgen. No hay una fórmula para escribir música: lo mejor surge de manera sorprendente incluso para uno mismo. Ahora bien, aprendí música con el violín de mi padre y soy violinista, y para encontrar las notas tengo que ir moviendo el brazo rítmicamente, a veces lo alargo un poco más, a veces un poco menos, y ahí creo que tengo mi principal fuerza: domino el ritmo y juego con él. ¿Y qué es el ritmo?

- Una repetición.

- Exacto: es el pulso que mantiene viva la música.

- ¿Cómo os está yendo en el San Angelo?

- Realmente bien. Además, me gusta especialmente esta ópera. ¿Gustará a la gente? No lo sé.

- ¿Y la señorita Girò?

- ¿Qué pasa con ella?

- ¿Cómo lleva su papel?

Vivaldi miró al pintor, que en ese momento prestaba completa atención a un detalle en el lienzo, para buscar enseguida una mezcla en la paleta.

- Ha trabajado mucho para el estreno y lo hará estupendamente. Tiene un gran sentido para lo dramático y es una excelente cantante.

- Se acabó por hoy. No más de hora y media por sesión. Mañana lo termino.

Vivaldi se levanta, va al otro lado del caballete y mira el cuadro.

- Se ve un poco de pelo debajo de la peluca, sin embargo estoy seguro de que no ha asomado ningún mechón en ningún momento... Cuando lo terminemos necesitaré copias de dibujos en tinta. ¿Por qué es tanto más caro un cuadro que un concierto?

- Para escribir un concierto a vos os basta con lo que tenéis a mano en este mismo cuadro: papel, pluma y tinta. Yo necesito una tela y unos colores que son bastante más caros, empezando por ese rojo. Consideremos también que he empleado cuatro sesiones de hora y media, seis horas en total con sus respectivas y obligadas pausas, para terminar el retrato; vos sois capaz de escribir un concierto en poco más de lo que se tarda en transcribirlo. Y por último, los ingresos por la venta de un concierto proporcionan a su vez otros ingresos cada vez que se ejecuta en público.

- De eso no veo nada normalmente.

- Vivaldi, sois un empresario exitoso.

- Escuchad. Es cierto que un cuadro es un objeto físico, que se cuelga en una pared para que pueda verse a lo largo del tiempo, después incluso de la muerte de quien lo pintara, o de quien posara para él o lo haya comprado. Ahora bien, ¿dónde hay que localizar la música, de manera que podamos ir allí y señalarla con el dedo? No desde luego en el pentagrama en el que se ha escrito: no son más que manchitas cuidadosamente ordenadas, instrucciones dadas para que el músico las ejecute, y lo que ejecuta y oímos en el periodo de tiempo que dure es un sonido inmaterial que una vez terminado desaparece en el aire. Todo el mundo me considera un materialista, aunque ésa no sea una buena palabra; y sin embargo, vedme en la contradicción de tener que dedicarme a algo tan inmaterial.

Vivaldi continuó con su exposición:

- ¿Cuál es el principio de nuestra sociedad? Las deudas, gente encadenada a gente con los eslabones del dinero.

- ¿Y qué es el dinero?

- Exactamente, ¿qué es el dinero? Nuestra vara de medir el valor de las cosas, calibrada de una manera harto particular. Mi música es admirada y alabada en las principales cortes de Europa, soy el primer violinista de nuestro tiempo, incluso el mismo Papa me pidió que tocara para él. Estáis en presencia de uno de los mayores músicos que ha conocido Venecia, y no hay ni habrá música en este mundo como la de Venecia. Y sin embargo, yo… yo…

Vivaldi pierde por un momento el aire.

- ¿Estáis bien?

- Agua… Apartaros y dejadme espacio para respirar… Estoy bien.

- ¿Os preocupa algo?

- No, todo está en orden. Necesitaré los dibujos en tinta, tengo que enviarlos para los grabados de mis publicaciones en Londres, Amsterdam y Dresde.

La puerta de la sala se abre y entra una bonita muchacha de 17 años enmascarada, cubierta por una capa y una capucha. Cierra la puerta y ve al pintor, se baja la capucha, se quita la máscara y lo saluda.

- Pensé que el cuadro ya estaba terminado.

- Vivaldi, ¿y si hiciera un retrato de ella?

- Ahora mismo no es el mejor momento. Tengo una cita con el alemán del otro día, a ver si logro que me compre algunos conciertos.

El pintor recoge sus cosas y se despide hasta el día siguiente a la misma hora. Una vez fuera de escena, Vivaldi le pregunta a la muchacha:

- Mirad el retrato. No puedo evitar pensarlo: veo al rosso, pero no al prete.

- Pedidle que pinte un breviario, o una cruz, o algo parecido.

- La verdad es que gusta así. Anna, qué veis en este retrato.

- Creo que os ha captado perfectamente.

- Me hace hablar para que me sienta cómodo y me asome tal como soy. Eso me incomoda y me gusta a un mismo tiempo... Y según parece, también os quiere “captar” a vos.

- Me habéis preguntado por lo que veo en el retrato. Os ha pintado hermoso porque sois hermoso, aferrado a la música igual que a ese mástil del violín, y anotando las notas en la partitura para mostrar lo que ocupa vuestra mente. Parecéis más joven de lo que sois, pero es que realmente dais esa impresión. Me gusta este prete rosso. ¿Vamos a ver al alemán? La góndola espera fuera.

Vivaldi se queda pensando, toma el violín, cierra los ojos y empieza a indagar en una melodía. Luego la transcribe en un pentagrama.

- Será un segundo. Odio olvidarme de las ideas. Sé que luego vuelven, pero a destiempo. Ya está. Ahora dadme unos minutos para cambiarme.

Anna mira el desorden de su mesa de trabajo, se acerca y toca algunas partituras mientras les echa un vistazo por encima. Llaman a la puerta.

- ¡Maestro! ¡Llaman!

-¡Id a ver qué quieren!

Cuando sale ya vestido, ve a Anna con una nota en la mano y un tipo descargando en el salón varias cajas de vino. Vivaldi lee la nota y pone entonces cara de decepción.

- El alemán no puede vernos hoy y lo deja para la semana que viene. Me envía para disculparse estas botellas de vino.

Las mira tratando de comprender su significado, y luego vuelve a leer la nota una vez más.

- Da igual que la lea cien veces, siempre dirá lo mismo. No será nada, la semana que viene le venderé los conciertos. Qué hacemos ahora.

- Haremos lo siguiente: vamos a la cocina y hago la cena mientras discutimos mi parte en la ópera, y cenamos tal como nos hemos vestido para la ocasión con este vino.

- Me parece bien. Nos beberemos el vino a la salud del alemán. Avisad por favor al gondolero de que vuelva a media noche.

- Sí, maestro.

domingo, 5 de noviembre de 2017

Cataluña y el Estado de las autonomías.

Ningún partido ni nadie en este país tiene, según parece, nada que ver con los últimos acontecimientos en Cataluña, excepto los 4 lunáticos que han montado el espectáculo del Procès. En España todo es normal y todo está controlado, y la única anomalía procede de unos cuantos catalanes revoltosos que sienten cada vez más rechazo por lo que hace tiempo estamos viviendo en España, y se imaginan lo bonito que sería vincularse directamente en Europa como una nueva región en forma de república. Sin embargo estos soñadores deberían revisar mejor su ideal: todos sabemos que una Cataluña independiente sería viable económicamente, y operativa como sociedad; pero también que por razones obvias nunca lo van a permitir: la región es demasiado valiosa para España como para dejarla escapar. Si por un lado hay que aplaudir a estos independentistas su persistencia en agitar el conformismo y la pseudonormalidad española, por el otro no podemos dejar de sentirnos incómodos al verlos desgastarse tanto para no lograr nada al final fuera de la legalidad.

Los independentistas no son mayoría en Cataluña, eso desautoriza por principio cualquier declaración unilateral de independencia. 6 años atrás rondaban el 10%, y hace un par de años se habían convertido sorprendentemente en casi la mitad de los votantes. Pero si hiciésemos un referéndum, todo parece indicar que saldría que no a la independencia. Aunque la mayoría de gente no vea nada claro lo de los 16 mil millones que salen de la recaudación en Cataluña para financia un estado de las autonomías defectuoso, con demasiadas regiones y descompensadas, y que sólo existe por el interés de que sigan manteniendo sus cargos y su chiringuito autonómico los partidos que las controlan, básicamente pp y psoe. A excepción de las 2 regiones más distintas de todas a las demás: vascos y catalanes, allí esos 2 partidos pintan poco.

Ahora bien, si los catalanes fuésemos independientes, yendo bien la cosa, apenas nada cambiaría respecto de nuestras vidas de ahora: sería como ahora, pero con un par de mejoras de fondo. Entonces, ¿por qué ese desesperado anhelo de independencia? ¿Y por qué la reacción de las fuerzas contrarias es tan virulenta? En un contexto tan emocional e irracional, con un gobierno que no tiene otra ideario que imponerse a los demás con sus ideas simplonas, hay que repensarse las cosas.

Es verdad que el independentismo no pasará de un 40%. También lo es que en las últimas generales de España el pp y c’s sacaron juntos un un 30%. Menos votos, en cualquier caso, que los que sumaron las abstenciones, votos en blanco y nulos: un 35%. En realidad, el gobierno español que tenemos no se fundamenta en una sólida base democrática sino en el pasotismo del votante medio español, que o bien le da palo ir a votar en domingo, o bien le da lo mismo unos que otros, porque o bien no espera nada en particular, o nada en general, etc.

Quienes están dirigiendo el Procès deberían por lo tanto tomar la iniciativa y revisar su base social, su estrategia y sus objetivos. Si sabemos que ahora mismo no es posible una independencia, que a lo mejor tampoco es estrictamente necesaria, ¿por qué no redefinir la postura y hacerse con una base social del 75%, al menos, que incluya a todos los que no están contentos con la relación de Cataluña con España? El argumento sería incontestable: lo que ha pasado en Cataluña es un fracaso del sistema autonómico actual, y por lo tanto un fallo de la organización territorial de España. Es lo que deberían atacar utilizando los 16 mil millones como argumento.